CELIA - MI MADRE
Hace veinticinco años que te fuiste, que no estas físicamente acá, pero para siempre estarás guardada en un lugar en el corazón, ¡si! un lugar muy especial, muy dentro de mi, donde también esta la abuela Alcira, tu madre, una mujer tan especial como vos, dos almas gemelas en amor y bondad; de tal palo tal astilla como dice el dicho.
Celia mi madre fue la mujer mas valiente que conocí en mi vida. La recuerdo como una gran mujer, de una gran entrega, sacrificio y valentía fuera de lo común, y esto no va en desmedro de las otras madres, porque para cada uno su madre es especial.
Mi madre era de contextura muy chica, flaca y no pasaba del metro sesenta de estatura, pero tenia un corazón gigante y mucho valor ante la adversidad. Mi madre murió a los 49 años luchando contra un tremendo cáncer de mama que solo logro hacer bajar sus brazos el día que se marcho al descanso eterno.
En su vida nos dio lo mejor de ella, una mujer de un corazón enorme en bondad y entrega hacia los demás, vivió la vida sin egoísmo, aun descuidando su integridad física. Un ejemplo de lucha, dio mucho y nunca pidió nada a cambio y olvidándose de su frágil estado de salud para dar todo
Celia, mi madre, nos crió, nos educo, nos cuido y también nos reto porque nosotros no éramos unos santos, y menos yo que tanto trabajo le deba por mi carácter irascible cuando era chico, un gran peleador con mis hermanos. Ella era una gran mediadora entre mi padre y nosotros, y eso que era duro negociar con el viejo; pero mi madre se las ingeniaba siempre para que la reprimenda siempre fuera lo más leve.
Cuando necesitábamos ayuda con las tareas escolares ella siempre estaba firme al pie del cañón como si fuera una maestra más. Cuando estábamos enfermos era la mejor enfermera que tuvimos, nos acariciaba, nos daba los remedios y muchas veces pese a su escaso tiempo, en ese duro trabajo duro de ama de casa tan poco valorado, ella se hacia un lugar y se quedaba aunque sea unos pocos minutos a nuestro lado para después seguir con la dura tarea del ama de casa por aquellos tiempos, sin las mínimas comodidades que hay hoy. Tenía que lavar toneladas de ropa a diario de seis hijos de distintas edades, más mi padre. Su vieja lavarropa a paleta no paraba en todo el día, que después del lavado había que sacar la ropa y enjuagarla a mano en una batea que tenia ahí en mi casa. No importaba el frió, el calor, ella lo hacia igual.
La recuerdo sentada en su maquina de coser Singer dándole al pedal mientras cosía, era una gran costurera sin ninguna duda y nos arreglaba la ropa que rompíamos todo el tiempo, pasaba un tiempo considerable arreglándonos la ropa, remendando y poniéndoles parches a nuestro pantalones rotos o gastados de rozarlo contra el suelo mientras jugábamos a la bolita; la realidad de treinta y pico años atrás no era como hoy, que a nuestros hijos se les rompe o descose algo y ya lo descartamos y le compramos algo nuevo; por esos tiempos yo recuerdo que todas las madres tenían una maquina de coser en su casa, y esto no es ningún reproche hacia las madres de hoy, solo que la realidad de esos tiempos eran muy distintas a las de hoy. Mi vieja pasaba un buen tiempo ahí en su maquina de coser, yo la recuerdo que lo hacia con mucha felicidad porque amaba el oficio de ser madre.
A la mañana bien temprano nos despertaba con el desayuno para que fuéramos a ala escuela con la panza llena; haciendo cuentas la vieja dormía muy poco porque se acostaba entre las doce y la una de la mañana y al otro día estaba levantada a las siete para prepararnos un rico desayuno y a partir de ahí comenzaba las tareas de ama de casa y no paraba hasta la noche. Por la tarde mientras mirábamos algo en la televisión nos preparaba una suculenta merienda que devorábamos en pocos minutos.
Recuerdos sus comidas, la vieja era una gran cocinera, de las mejores que he conocido, mientras nosotros estábamos en la escuela ella hacia los mandados, limpiaba la casa, lavaba la ropa, la enjuagaba y la tendía y mientras tanto hacia la mejor comida para que todo este listo las doce cuando llegábamos hambrientos del colegio, y ahí estaba la vieja con sus ricos tallarines, noquis, ravioles, canelones, guisos de todo tipo, puchero, milanesas y papa fritas. Sus salsas eran un rico manjar, todos productos de quinta, con apenas un toque de extracto de tomate. Tan ricos eran los tucos que preparaba que cuando ella no nos veía alguno de mis hermanos hacia de campana y le metíamos el pan adentro de la olla, mojábamos el pan en la salsa y saboreamos su exquisito sabor, porque no hay cosas mas linda que meter el pan en la salsa y después comerlo; y ni hablar del robo de papas fritas que le hacíamos cuando ella se descuidaba, pobre vieja los kilos de papa que tenia que pelar, y nosotros como una gran travesura se las íbamos comiendo, pero ella todo lo hacia con un gran amor de madre. Cuanto empeño y dedicación le ponía para hacer la comida para ocho personas al mediodía y a la noche.
El día que se fue mi madre para siempre de esta vida, sinceramente fue un descanso para ella que lucho mucho en su vida, 6 hijos, y mi viejo Ernesto mas conocido por su sobrenombre "El Ñato" el viejo tuvo enfermedad brava siendo muy joven, cuarenta y pico de años tenia por entonces y de la cual salio adelante con mucha lucha y esfuerzo y el sostén fue mi vieja a pesar de que ella llevaba a cuesta su enfermedad. La lucha de mi madre fue titánica sinceramente, ella era una mujer de físico muy chico, pero de una entereza y fortaleza mental digna de imitar.
Por eso la recuerdo como una mujer de un valor impresionante, de una valentía descomunal, de un sacrificio sin igual. Mi madre lucho con mucha hidalguía y dignidad en su corto paso por la vida, nos dio siempre lo mejor de ella, y llevo la vida de familia adelante. Su lucha contra el cáncer de mama que tanto la debilito, pero ella solo se rindió ante la muerte, hasta ese día no bajo los brazos y no se entrego.
Doy gracias a la vida por haber tenido una madre así, que nos inculco mucho amor, bondad, un ejemplo de lucha, sacrificio, humildad y entrega hacia los demás.
Gracias madre por todo el amor que nos brindaste a todos.
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